Al fin he comprado una funda para la guitarra acústica y ya puedo sacarla a pasear con tranquilidad. De vez en cuando le doy de comer una púa gris blandita para que no proteste y se mantenga afinada. Como supongo que el tiempo se escurrirá entre mis manos cuando Marina salga de su escondrijo, este sábado hemos aprovechado para dejar grabadas las canciones que últimamente venía tocando en casa. Cuatro de ellas pues a otras hay que seguir dándoles vueltas.
Mi voz suena como siempre, como en “Corazón-colilla” o en “Dicen”, bueno, jajaja, mucho peor que ya se sabe que en los discos se hace magia. Además en este caso me la noté más cascada y no es que lleve mala vida pero la congestión en las embarazadas es algo omnipresente, por lo menos en mi caso. Esto último lo escribo por el mensaje que me ha dejado en la entrada anterior Wendy, que parece visionaria y me vio el sábado por un agujero en el espacio-tiempo. Pues ya tenemos unas referencias sobre las que trabajar y ver si nos animamos a sacar algo más adelante. Pero Piano, piano.
Sobre el tiempo contar que de nuevo ha cambiado, que ya he puesto gorro, bufanda y guantes. No me ha durado mucho el disfraz de todas formas. Y hoy ha llovido y han templado mucho las temperaturas.
En el trabajo pues mucho estrés que intento mantener a raya con dificultad porque vamos, demasiadas hormonas de todo tipo en mi cuerpo últimamente.
Otras de las tareas de estos días es coordinar a la cuadrilla de operarios (pintor, electricista, carpinteros, etc.) que preparan el lugar en el que muy pronto viviremos. Así que ahí estamos Marina y yo, que pasamos más tiempo en Gijón que P, diciendo: “esto así y esto asá”, “no me gusta este presupuesto”, etc. Y está claro que imponemos, creo que ella más que yo, aunque a veces no sepamos lo que decimos, lo hacemos con mucha convicción.
Y así pasan los días, pueden parecer muchas cosas las que aquí escribo pero nada comparado con lo que no se escribe, con la cantidad de cosas que se piensan, hacen y dicen a lo largo del día. Podría ser infinito este diario y dedicarse a describir todo él únicamente un día a lo largo de varias entradas, como en la serie “-24-”. Y de alguna forma lo hace, contar el mismo día, después de unos años escribiéndolo, me doy cuenta de ello.
Por hoy suficiente. Voy a pensar qué hago ahora.
Besos,
Covanova